El 24 de noviembre de 2004 desperté sobresaltado. Entre sábanas dolidas de sentirme caer, encontré una imagen que cautivó mi esperanza. Una hermosa mujer encantaba al durmiente con una armonía, plenitud y cariño que éste ya no creía posible conocer.
Me levanté conmocionado por las caricias áun presentes en mi piel, hechas por una mujer que hasta entonces sólo había anhelado con un silencio tan secreto que yo mismo no me lo había reconocido.
Caminé flotando, con la cabeza queriendo volver al sueño cuando me encontré con ella en un espacio irreal. En éxtasis aún me atreví a decirle -soñé contigo- y sus hermosos ojos, osados e infinitos, me preguntaron -¿dormido o despierto?- fue entonces que decidí resolver su pregunta, abrir bien los ojos y seguir soñando.