
Como muchas otras cosas en el mundo, la Educación y la enseñanza, han sido durante demaisado tiempo mal comprendidas. Se ha creído, por ejemplo, que cuendo se educa, hay un educador y un educado, un sujeto y un objeto.
Tomó tiempo que se reconociera la subjetividad de los aprendices y se le considerara como un factor al momento de planificar la enseñanza... y se sigue viendo, mayoritariamente, sólo como eso, un factor.
Ha tomado más tiempo aún, reconocer que en esta relación no hay sólo la acción de un sujeto que afecta a otro, sino que ambos son afectados por el mero hecho de estar relacionados.
Maturana, con la lucidez que lo caracteriza, ha dicho que si tomamos una fotografía de nuestros pies y de un par de zapatos nuevos, y la comparamos un año después, ni los zapatos ni los pies son los mismos. Ambos han interactuado, "modelándose" mutuamente. Ni zapato ni pie se puede considerar "formador" del otro, ha sido su interacción quien les ha transformado.
Aún no se reconoce (al menos o ampliamente) este fenómeno en la educación. Alumnos y profesores dan vida al sistema escolar, que los modifica a todos.
Recuerdo esto porque me enfrento a la ineludible tarea de pensar que, como hijos, nos corresponde una importante parte en la educación de nuestros padres.
Desde que nacemos, nuestra presencia, nuestra particular forma de ser, y más tarde con más fuerza, cuando empezamos a ensayar nuestras personalidades, desde que nos comenzamos a desapegar de sus valores, gustos o intereses, transformamos radicalmente a nuestros padres.
En la escuela, lo que diferencia al profesor del alumno, no es el grado de conocimiento del primero en comparación del primero, sino que el nivel de intencionalidad que éste pone en la interacción. En último término, la conciencia de la capacidad de afectar al otro y de trasformarlo en esa interacción.
De lo que pocos tienen conciencia, es de la imposibilidad que esta relación sea unidireccional, "acéptica", por así decir. Los profesores, aunque no nos animemos a reconocerlo, somos formados como tales por nuestros estudiantes, en la práctica escolar. El sistema nos "escolariza a todos"...
Debido al limitado concepto que tenemos de enseñanza, muchas veces no vemos que los padres crecen como tales en su interacción con sus hijos. Y que los hijos, en la medida que se hacen concientes de ello, pueden al fin emanciparse de su condición "desigual" dentro de su relación y pararse ante sus padres no sólo como un semejante, sino como un maestro.

