5.11.07

Educar a nuestros padres


Como muchas otras cosas en el mundo, la Educación y la enseñanza, han sido durante demaisado tiempo mal comprendidas. Se ha creído, por ejemplo, que cuendo se educa, hay un educador y un educado, un sujeto y un objeto.

Tomó tiempo que se reconociera la subjetividad de los aprendices y se le considerara como un factor al momento de planificar la enseñanza... y se sigue viendo, mayoritariamente, sólo como eso, un factor.

Ha tomado más tiempo aún, reconocer que en esta relación no hay sólo la acción de un sujeto que afecta a otro, sino que ambos son afectados por el mero hecho de estar relacionados.

Maturana, con la lucidez que lo caracteriza, ha dicho que si tomamos una fotografía de nuestros pies y de un par de zapatos nuevos, y la comparamos un año después, ni los zapatos ni los pies son los mismos. Ambos han interactuado, "modelándose" mutuamente. Ni zapato ni pie se puede considerar "formador" del otro, ha sido su interacción quien les ha transformado.

Aún no se reconoce (al menos o ampliamente) este fenómeno en la educación. Alumnos y profesores dan vida al sistema escolar, que los modifica a todos.

Recuerdo esto porque me enfrento a la ineludible tarea de pensar que, como hijos, nos corresponde una importante parte en la educación de nuestros padres.

Desde que nacemos, nuestra presencia, nuestra particular forma de ser, y más tarde con más fuerza, cuando empezamos a ensayar nuestras personalidades, desde que nos comenzamos a desapegar de sus valores, gustos o intereses, transformamos radicalmente a nuestros padres.

En la escuela, lo que diferencia al profesor del alumno, no es el grado de conocimiento del primero en comparación del primero, sino que el nivel de intencionalidad que éste pone en la interacción. En último término, la conciencia de la capacidad de afectar al otro y de trasformarlo en esa interacción.

De lo que pocos tienen conciencia, es de la imposibilidad que esta relación sea unidireccional, "acéptica", por así decir. Los profesores, aunque no nos animemos a reconocerlo, somos formados como tales por nuestros estudiantes, en la práctica escolar. El sistema nos "escolariza a todos"...

Debido al limitado concepto que tenemos de enseñanza, muchas veces no vemos que los padres crecen como tales en su interacción con sus hijos. Y que los hijos, en la medida que se hacen concientes de ello, pueden al fin emanciparse de su condición "desigual" dentro de su relación y pararse ante sus padres no sólo como un semejante, sino como un maestro.

23.10.07

Viaje a mi pasado



El sábado tuve un viaje a mi pasado. Estaba ansioso, esperanzado y un poco asustado.

Las ansias procedían de la nostalgia de paisajes idealizados, de personas queridas. Como seguramente imaginan, me hacía ilusión poder enfrentarme a mí mismo y a mis congéneres de otra forma, más madura. Decir lo que en esa época de inseguridades callaba.

También me esperanzaba recobrar lazos que me abrieran la puerta a interesantes proyectos, como Raimapu, el lugar de encuentro. Luego de tener algunas horas de vuelo, aquel proyecto me sigue pareciendo hermoso, bien hecho, y me seducía acercarme a él.

Pero para volar al pasado, uno arma una maleta de difícil embalaje. Junto a las ansias y esperanzas, van , aunque uno no quiera, miedos. Sombras de lo que nos avergüenza, de lo que nos arrepentimos, que queremos creer ya superados.

Y choqué con el olvido. Porque la memoria es cómoda, y selecciona o interpreta los retazos que en su mochila guarda, de forma que podamos cargarla.

Y fue triste volver a sentirme solo (agradezco la suerte de haber ido acompañado por María Jesus, una hermana que descubrí en esos años, y que me hizo mucho más llevadera la soledad). La gente que más quería volver a ver, no estaba. Los que fueron parecían no haberse movido de ahí en casi 8 años. Y mi ilusión se fue apagando, con las mismas dinámcas que me mantenían aparte en esos días.

Otra vez sentí cercanos a maestros a los que no supe llegar. Otra vez sentí que todos me miraban como lo que no era.

Fue frustrante sentir que nadie me re-conoció, pero todos ya creían saber quién era.

9.10.07

Retomando el Camino


Ha pasado tiempo. Y a pesar que nos negamos a asumir la oscura dimensión de la humanidad como algo que sea parte de nuestra identidad, la vorágine de vivir disfrazado de persona en medio de la selva de cemento nos ha atrapado bastante.

El disfraz es un arma de doble filo. Esconde y muestra. Es armadura que defiende nuestra identidad, y a la vez nos hace asumir el rol que muestra a los demás. la máscara protege y atrapa.

Y así es que mi personaje se ha tomado mi vida. Al menos en gran parte. Sólo cuando llego a casa, cuando despierto a la calidez y claridad de los ojos de mi compañera consigo comenzar a desvestirme y encontrarme otra vez.

Pero hace unos días todo ha cambiado. Nuestra exquisita intimidad, la de nuestro amor, la de nuestro hogar, ahora está compuesta por un nuevo integrante. Ha nacido al fin, el hermoso producto de este increíble amor, de esa fantástica dimensión que con mi compañera hemos conseguido construir. Y ha cambiado nuestra vida.

He necesitado detener el tiempo, y comenzar a despolvar las herramientas de mago que estaban tiradas al fondo del patio. Hemos abierto un espacio en esta nueva realidad, para disfrutar y comenzar a caminar en este nuevo universo, juntos, juntitos, de la única forma que queremos estar. Y ha sido un renacer.

Hoy me siento otro. Respiro la necesidad de ser todo lo que puedo llegar a ser. Hace unos meses le escribía a mis padres que alguna vez promovieron en mi conciencia la necesidad de la revolución. Hoy me siento en otro lugar. Hoy mi hijo es mi revolución, y siento que debo acercarme nuevamente a la esencia que se esconde tras el disfraz, y transformar el mundo para él, para ella, para mi.

6.9.07

Una nueva luz

La senda se borrado. No ha sido el paso del tiempo que sabiamente recupera en la tierra la herida que hemos abierto en ella, cuando tiene oportunidad de sanar. No ha habido un estallido, digno de noticia, i catastrofe alguna que haya desmoronado esta ilusión en construcción. Ha sido el fuego.

Energía desplegada y desplegante, eterno movimiento, constante devenir de lo que somos. El fuego a abierto esta senda y la ha regado por el mundo. Como camino ya no existe. No te confundas. No se ha llenado de sobrebia creyendo poder abarcar al mundo en su objetivo... más bien, ha abandonado el límite, y le se ha vuelto hacia la totalidad, entregándose, como por amor, y tomando lo suyo, haciéndolo suyo, como en el amor.

Y en estos dias, el fuego, nuestro fuego, deviene nuevamente en ser. Y nos obsequia un objetivo, un tercer sentido para vivir, que hemos decidido llamar Camilo.