Esta primavera vi pájaros muertos,
Tirados en las calles,
Apenas salidos del huevo, si acaso
Pisados por los transeúntes,
Por los autos,
durante días.
Y me parecieron demasiado similares
a los niños en la escuela,
abandonados a la vida,
recién aprendiendo a conocer a los otros,
ignorados por sus mayores
mercantilizados por el sistema,
entregados al madurar por tiempo.
¿Cómo seguir siendo un ser humano
y pasar por su lado de uno de ellos,
que vemos arrimados a un árbol,
luego de haber caído,
o de haber sido botado por algún gato, o por otro depredador,
sin querer ayudarlo?
¿Cómo no sentir la obligación de darle
una oportunidad de volver al nido,
encontrar a su madre,
y aprender a volar?
Incluso aunque ya parezca más muerto que vivo,
o si es sólo un pájaro ordinario,
ni un canario, ni alguna otra cosa por el estilo,
sino un jilguero, un gorrión, un polluelo.
Aunque nunca llegue a ser el águila dorada que todos veneran.
En estos dias de primavera,
cuando la vida parece despertar a su esplendor,
cuesta caminar por las calles, siendo un profesor,
y luchando todos los dias por no dejar de ser
humano