
En ocasiones la conciencia nos advierte que no tiene sentido pedirle peras al olmo. Y entonces surge la necesidad de plantar otro árbol.
¿Quién pierde cuando no crece un árbol? Sin duda los pájaros que los hacen refugios fértiles para las nuevas generaciones, los insectos que lo recorren como carretera verde a la vida, los paisanos que se privan de guarecerse de las inclemencias del tiempo, todos aquellos que pueden beneficiarse de sus frutos... en resumen, perdemos todos, menos él.
Un árbol no puede perder porque no compite, porque no lucha, porque su crecimiento es pura ganancia... que haya obstáculos para su crecimiento no es perder, es una lástima, y en vez de lamentarnos, tal vez sea mejor seguir buscando agua para regarlo, guías para enderezar su tronco... porque somos muchos los que necesitamos de la luz de sus frutos.