11.8.06

Carta a mis padres revolucionarios

Carta a mis padres revolucionarios

Descubro hoy entre las líneas de canciones

Que escucho como la herencia cultural que me imprimisteis

Descripciones y palabras que enriquecen aún más el universo

Donde habitamos y que podemos transformar,

Y que tenemos la obligación ética de hacerlo

La necesidad empírica de alcanzarlo

El deber colectivo de construirlo

Y los miro a ustedes

Y los veo tan lejos de ustedes mismos

De lo que ustedes fueron para mi

Del mundo que ustedes me enseñaron

¿Se transformó el mundo en algún momento y no me percaté de ello?

¿Por qué ya no me describiste ese mundo que veías?

¿Por decepción?

¿Conociste acaso el mundo que me describiste?

¿estas canciones que me heredaste, fueron tuyas de verdad alguna vez?

¿Y cuando dejaste de cantar?

Los veo tan lejos de esos hombres que me describieron debíamos ser

¿Acaso hoy piensas en verdad de otra forma?

¿Qué te hizo cambiar?

¿En verdad cambaste? ¿Cuan tuyas eran las palabras que me diste?

¿Cuánto cambiaste en realidad?

Y si eran otros ¿Quiénes son ustedes hoy?

¿Qué piensan? ¿En qué creen? ¿descubrieron en el mundo que hoy viven, lo que buscaban ser? ¿por qué ahora no los escucho?

¿por qué ahora no dicen lo que sueñan, piensan o creen?

4.1.06

Sueño, luego existo

Me despierto sentado con la cabeza apoyada en el teclado. He escrito toda la noche. Como antes. Cuando me asaltaba una idea que provocaba avalanchas de ideas que me gustaban, que me desafiaban, y que me hacían sentir la necesidad de anotarlas en alguna parte porque si no se me iban a escapar… o se me iban a olvidar cuando al amanecer la rutina se los tragara y me dejara huérfano de mi propio pensamiento.

Anoche fue así de nuevo. Vi una estrella fugaz, que me hizo recordar los puntos energéticos que componen el Universo y cómo esos puntos de energía están relacionados mediante otras formas de energía. Recordé que la física distingue energía de materia, y que de la primera conoce recién la fuerza de gravedad, la luz, el calor, el magnetismo… y me detuve a pensar, esta vez, en cómo era posible que una simple estrella me hiciera recordar eso, que creo es mi cosmovisión, mi concepción metafísica de la existencia del mundo, de los seres y entes. Y pensé cómo esas categorías relacionan y dan realidad simbólica a esas “unidades” que categorizan. Pensé que para mí son distintas formas de energía. Ser y ente, ser y nada, sujeto y objeto, energía y materia o materia y fuerzas. Todas formas de categorizar lo mismo.

Y me conmocioné del poder del lenguaje. Porque basta con que los nombre distinto, con que ese nombre tenga sentido para otros, y eso que nombré toma existencia, se “materializa”, al menos en el inconsciente colectivo, en la cultura… ¡Qué maravilla, qué alquimia más estremecedora!

Y luego recordé que las palabras, tan mágicas, tan poderosas, han sido, desde hace mucho, instrumento de la dominación técnica del mundo social e histórico, que han sido herramientas de dominación. El discurso que describe al mundo, y que se instala de forma hegemónica, termina por convertir el mundo en lo que ese discurso dice que es el mundo… pero también queda, subyace ante ese dominio en el mundo la alteridad de ese discurso, lo que no dice o lo no dicho. Y recordé la necesidad de poder “decir su palabra” como una necesidad de liberación, y las palabras de otro lúcido que hablaba acerca de la “indignidad de hablar por los otros”…

Y hoy despierto acostado con las teclas marcadas en la cara y con la mano acalambrada del esfuerzo frenético del ejercicio de anoche… y no recuerdo cuándo me dormí… y y miro a la pantalla frente a mí, el párrafo final de lo que escribí anoche comienza con “…Y hoy despierto acostado con las teclas marcadas en la cara…” y me doy cuenta que he escrito sin pensar. Nunca pensé que esto podía llegarme a suceder. Mis palabras han tomado vida propia y mi mano sigue escribiendo estas palabras, aún cuando luego de descubrir esto, me he acostado y duermo plácidamente soñando con las clases que haré mañana, intentando despertar a otros y que ellos noten que sus palabras no las escriben ellos.

Votar por miedo

A menudo me pregunto por qué mi madre, a pesar de todo, sigue votando por la concertación. Es crítica de su gestión, no obstante tiene una fuerte tendencia a ver lo bueno que hace (aunque sea escaso), y muchas veces me parece que lo hace como aferrándose a una esperanza de la que no quiere desprenderse.

Entonces recuerdo y pienso acerca de cómo se gestó la Concertación. Recuerdo la reacción reciente de Pablo cuando al ver la franja del No, se sorprendió asqueado al ver a los mismos personajes que hoy gobiernan, hablando de libertad, de justicia. Y recuerdo y pienso en aquello a lo que esa franja televisiva apuntaba. “Chile, la alegría ya viene”. Un mensaje casi cristiano. En este mundo de horrores, sufrimientos y angustias, Yo soy el camino, la buena nueva, la esperanza en que todo puede ser mejor.

Y como la religión, la Concertación en su momento satisfizo la necesidad de esperanza, la necesidad de perder el miedo, y lo consiguió porque fue colectivo. Mostró a la gente atreviéndose, a pesar del miedo. Capitalizó la esperanza y la energía de actuar a pesar del miedo a la propia muerte. Capitalizó la indignación que se transformaba en valor, y que se mostraba en las calles, gritando la irrenunciable dignidad de la vida y de los sueños… y fue así que se constituyó en una empresa poderosísima, cuyo potencial era tremendo. Pudo haber llegado a ser incluso, el renacer de las cenizas de ilusiones que a pesar de la tortura, los fusilamientos, la desaparición, el exilio y, en general, el miedo, no habían conseguido aniquilar.

Y hoy veo en esa confianza y/o esperanza sorda, ciega y muda, de quienes siguen, a pesar de todo, apoyando a la Concertación, la necesidad de creer que el producto de enorme hito, de la pérdida del miedo, no haya sido un engaño, no sea otra forma de dominación, menos evidente, más insolente, vestida de los valores que lo fundaron. Y es que es travestismo les ha permitido sostener un show mientras se reparten el país, y venden al mejor postor el producto del trabajo de ese pueblo que aún hoy cree en ellos.

¿Por qué vota mi madre todavía por la Concertación? Porque tiene miedo. Miedo a volver a perder la esperanza, aunque la de hoy sea mucho más pobre, triste y egoísta que la de ayer.