
El sábado tuve un viaje a mi pasado. Estaba ansioso, esperanzado y un poco asustado.
Las ansias procedían de la nostalgia de paisajes idealizados, de personas queridas. Como seguramente imaginan, me hacía ilusión poder enfrentarme a mí mismo y a mis congéneres de otra forma, más madura. Decir lo que en esa época de inseguridades callaba.
También me esperanzaba recobrar lazos que me abrieran la puerta a interesantes proyectos, como Raimapu, el lugar de encuentro. Luego de tener algunas horas de vuelo, aquel proyecto me sigue pareciendo hermoso, bien hecho, y me seducía acercarme a él.
Pero para volar al pasado, uno arma una maleta de difícil embalaje. Junto a las ansias y esperanzas, van , aunque uno no quiera, miedos. Sombras de lo que nos avergüenza, de lo que nos arrepentimos, que queremos creer ya superados.
Y choqué con el olvido. Porque la memoria es cómoda, y selecciona o interpreta los retazos que en su mochila guarda, de forma que podamos cargarla.
Y fue triste volver a sentirme solo (agradezco la suerte de haber ido acompañado por María Jesus, una hermana que descubrí en esos años, y que me hizo mucho más llevadera la soledad). La gente que más quería volver a ver, no estaba. Los que fueron parecían no haberse movido de ahí en casi 8 años. Y mi ilusión se fue apagando, con las mismas dinámcas que me mantenían aparte en esos días.
Otra vez sentí cercanos a maestros a los que no supe llegar. Otra vez sentí que todos me miraban como lo que no era.
Fue frustrante sentir que nadie me re-conoció, pero todos ya creían saber quién era.
5 comentarios:
Hola! LLegue a tu espacio después de ver la película ´´Hombre mirando al sudeste'' , y no se si sera el estado en el que me djo la película , pero lo que escribis me pareció sublime. Gracias
Gracias Julia,
es un poco presuntuoso abrir un diario reflexivo haciendo referencia a Rantés... pero como a ti te dejó conmocionada, a mi esa película me abrió una nueva mirada del ser humano, y me hizo plantearme el proyecto de vivir consecuente a esa mirada... es presumido, lo sé, pero es una motivación.
Pucha, todavía no veo la película... pero de todas maneras el post no iba referido a eso.
Te juro que entiendo cada palabra escrita... por eso ni me acerqué al colegio.
Parece que hubo una vez en la que cambié, pero sólo yo lo supe. Sin duda, aquello que viví en el Raimapu quedó ahí. Sin duda, los que vivieron el Raimapu se quedaron ahí. Yo no.
Denis, por facebook llegue a tu blog, extraña manera de saber del otro sin verse ni hablarse. La verdad es que al leerte me sentí interpretada a diferencia en que yo fui más cobarde y no fui...Es raro porque recuerdo al Raimapu con mucho cariño pero en cuanto a las personas solo algunas muy precisas me dejan el mismo recuerdo. Cuando hoy vuelvo, me siento perdida y en tierra ajena porque en mi el tiempo ha pasado, he madurado (un poco al menos), mis proyectos de han definido y volver me hace sentir como peter pan en la tierra de nunca jamás...donde todo sigue igual independiente de los años.
Un abrazo
Maca
Maca, Pancha.... en cierta forma es un alivio no estar solo en la soledad. Me hubiese gustado que se lanzaran no más, con la ingenuidad con la que me lancé yo. Quizás si nos encontrábamos no me habría quedado ese amargor en la memoria. Pero qué se yo... son tan raras las cosas que quizás no hubiésemos hablado... y aunque estos espacios de "encuentro" son medios freak y demasiado tecnológicos para ser menos fríos, parece que al calor de las palabras nos hemos hecho, al fin, compañía. Cariños
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