22.6.10

como un perro se persigue la cola


Para qué escribo? Por qué lo publico? No estoy seguro. Lo que sí sé es que al escribir siento como en la meditación, que abro mi cabeza y dejo que las cosas que me inquietan, que me afectan, que me impresionan y que se agitan en ella, encuentren cauce y puedan dar algo de paz a esta existencia que gusta, a veces, de atormentarse con vasos de agua. A veces el agua es turbia, y ni siquiera me atrevo a terminar de escribir. Otras el agua es tan clara, que me parece extraordinariamente burdo mostrarselo a alguien y hace que me pregunte ¿para qué escribo? Por qué lo publico?

18.6.10

José Saramago




El arte no puede morir. El arte acerca al ser humano a su dimensión divina alcanzando con sus herramientas, plásticas, lúdicas, musicales y lingüísiticas, a la experiencia misma del ser. Lo que no puede alcanzar la religión, lo que no puede alcanzar la razón, lo inaprehensible para la ciencia y la filosofía, es develado, alcanzado, experimentado y sublimado por la experiencia del arte.

El artista es un ser de luz. No un iluminado, porque esto supone una luz que es externa a él/ella y que viene a caerle como en
gracia, como un don, un regalo. El artista es un ser de luz porque desde su pasión experimenta la luz de la que somos parte, a la que pertenecemos todos, y la traduce, la transforma en materia que el resto de nosotros pueda percibir y a través de ella acercarnos a nuestra luz, a nuestro ser.

José Saramago fue un extraordinario hijo del siglo XX. Ejemplo de aquel sueño del florecer de un hombre a pesar de sus circunstancias, pero no para alejarse de ellas, sino para reencontrarse con la
profunda experiencia del ser de la humanidad de su tiempo, de nuestro tiempo. La vida que
vivió lo elevó a los ojos del mundo en una voz del más auténtico, ético y digno sentido común del ser humano que vive, sueña y se proyecta en el mundo en que vivimos. Muchas de sus obras fueron algo así como una proyección de una lectura honesta, crítica y preocupada de nuestra sociedad. Y fue tan limpia su visión, que fue capaz de retratar aspectos increíblemente íntimos del ser de nuestros dias.

Hoy el hombre, el artista, el poeta obrero, el escritor que aprendió a leer a mitad de su vida, y nos mostró como puede mirarse el mundo, ha dejado de vivir. No deja de existir, pues su obra, el arte, no puede morir.


4.6.10

a propósito del miedo

Definitivamente las últimas experiencias me han hecho pensar. Y es que en crisis es casi imposible preguntarse por el sentido de lo que nos pasa. Hoy estoy más tranquilo, más recuperado... pero hay una sensación extraña que aún me incomoda... la persistencia del miedo.

Hace no mucho escribí sobre el miedo. Escribí, como tantas veces y como tantos, desde la comodidad teórica del intelectual -perdón por la simpleza- que no mete las patas al barro.

Hoy releo lo escrito y siento la necesidad de hacer algunas observaciones,
precisiones o aportes a mi reflexión desde la incómoda acera de la experiencia.

Se me ocurre hoy, que lo peor del miedo es la sensación de pequeñez. Ese temor a recibir un daño, es doloroso por la posibilidad del daño, pero es tremendamente corrosivo en cuanto evidencia de fragilidad, de impotencia, de incapacidad, de falta de control, de falta de poder. Y es esa sensación la que persiste luego de episodios de justo temor. La experiencia nos empequeñece, nos hace sentir miserables, y se encarna en esa frase que es cómica cuando no es sentida de verdad : no somos nada.

Pero dándole una vuelta, y sobretodo mirando para atrás, pensando en esa época en que me sentía casi superpoderoso, ilimitado y capaz de lo que quisiera mi alma, llego a una hipótesis con pretención de iluminación: ambas son caras de una misma moneda. La sensación de pequeñez, de carencia de poder, está atravesada por un sentimiento profundo de soledad, de individualidad. Lo que de en verdad hace insoportable el miedo es sentir que aquella amenaza de daño se enfrenta sólo.
Mientras más acompañados nos sentimos, menos tememos. Casi es una reminiscencia infantil, pero la sensación de pertenencia a un algo mayor, una pareja, una familia, un grupo social, una comunidad, etc... va haciendo desaparecer la sensación de fragilidad y la va acercando a la certeza de la capacidad. Tanto es así, que quienes se sienten a la cabeza de grandes agrupaciones humanas, partidos, gobiernos, ejércitos, estados, imperios, enloquecen y se pierden en la sensación de poder.

Y vuelvo a mis recuerdos. La época en que me sentía capaz de todo, era también un tiempo en que me sentía mucho más conectado con la totalidad. Con un proyecto político social, con una espiritualidad trascendental, panteista, con una vocación creadora y cultivadora de mejores seres humanos. Hoy me falta mucho de eso.

Los proyectos no pueden ser los mismos. Los abandoné porque se me evidenciaron ilusos, absurdos, artificiosos, contraproducentes, casi placebos. Pero no consigo encontrar algo que los reemplace en su objeto.

Mi espiritualidad se ha marchito, pues la cotidianeidad le ha quitado el agua para cuidar esa planta que crece en mí y que extiende sus raíces más allá. No encuentro aún herramientas para salvar a esta planta. Ni abonos ni semillas nuevas siquiera.

Mi vocación creadora y cultivadora ha mutado. Mis ilusiones fueron machacadas, pisoteadas y humilladas. Las herramientas para seguir cultivando son cada vez más carentes e insuficientes, pues quienes engordan con la miseria humana no tienen interés alguno en que esto cambie. He tenido que reinventar mi vocación, y volcarla hacia la justicia, mas las herramientas de esta nueva vocación son arduas y permanentemente luchan por imponerse al sentido último que tiene forjarlas: mis amores, mi espíritu, mi comunidad.

a modo de conclusión... si es que es posible algo semejante... hoy mi pathos es encontrar un equilibrio que me permita recuperar la fuerza necesaria para superar la experiencia de la nada y acercándome(nos) a la experiencia del ser.

6.5.10

el sentido de estos dias


No tengo ánimo de andar por ahí diciendo cómo son las cosas... y me doy cuenta que suelo hablar o escribir de ese modo... espero sepan perdonarme, si es que me excuso por anticipado.. porque siento la necesidad de contar lo que estoy pensando... y es que hoy me parece que cuando vivimos tiempos duros, si no le encontramos algún sentido, es en vano. Hoy para mi, el sentido de lo que nos ha pasado es aprender, humildemente reconocer en lo que nos pasa "mensajes". No de una mente superior mensajera, ni de un destino que nos indica un camino... la verdad no sé y no pretendo entender su origen.

Aunque suene irracional, siento que la vida me está indicando que ponga una atención diferente en las cosas que hago. Que no desplace lo importante por lo urgente. Que no me pierda en la multitud. Que sea como de verdad soy, y que mire a mi alrededor con una mirada más auténtica, más similar a la que tuve en la infancia. Que sea más humilde, que confíe más...

Por eso hoy estoy contento. Porque comienzo a recuperar la vista, el sentido, una conexión con el mundo que sentía marchita. Tengo un hijo extraordinario, que con su maravillosa existencia me ha dado tanto como espero haberle dado yo a él. Su madre, mi compañera, mi amiga, mi amante, la primera habitante de mi planeta que encontré en estas tierras, es una mujer fantástica, llena de dulzura, de fuerza, de amistad, de lucidez y magia... aquel fantástico ser me ama y me ha buscado y elegido para que sea yo su compañero, y juntos hemos construido algo sensacional, que supera mis más idealizadas fantasías de mi romanticismo adolescente, y ¡es real!... y sigue creciendo. Desde Diciembre crece en su hermoso vientre una inquieta y chispeante semilla, que llena nuestras almas de ilusiones y que hemos querido llamar Tania. Con ella nuestra familia esta completa y nuestra dicha también.

Quiero Festejar por ello!!