4.1.06

Sueño, luego existo

Me despierto sentado con la cabeza apoyada en el teclado. He escrito toda la noche. Como antes. Cuando me asaltaba una idea que provocaba avalanchas de ideas que me gustaban, que me desafiaban, y que me hacían sentir la necesidad de anotarlas en alguna parte porque si no se me iban a escapar… o se me iban a olvidar cuando al amanecer la rutina se los tragara y me dejara huérfano de mi propio pensamiento.

Anoche fue así de nuevo. Vi una estrella fugaz, que me hizo recordar los puntos energéticos que componen el Universo y cómo esos puntos de energía están relacionados mediante otras formas de energía. Recordé que la física distingue energía de materia, y que de la primera conoce recién la fuerza de gravedad, la luz, el calor, el magnetismo… y me detuve a pensar, esta vez, en cómo era posible que una simple estrella me hiciera recordar eso, que creo es mi cosmovisión, mi concepción metafísica de la existencia del mundo, de los seres y entes. Y pensé cómo esas categorías relacionan y dan realidad simbólica a esas “unidades” que categorizan. Pensé que para mí son distintas formas de energía. Ser y ente, ser y nada, sujeto y objeto, energía y materia o materia y fuerzas. Todas formas de categorizar lo mismo.

Y me conmocioné del poder del lenguaje. Porque basta con que los nombre distinto, con que ese nombre tenga sentido para otros, y eso que nombré toma existencia, se “materializa”, al menos en el inconsciente colectivo, en la cultura… ¡Qué maravilla, qué alquimia más estremecedora!

Y luego recordé que las palabras, tan mágicas, tan poderosas, han sido, desde hace mucho, instrumento de la dominación técnica del mundo social e histórico, que han sido herramientas de dominación. El discurso que describe al mundo, y que se instala de forma hegemónica, termina por convertir el mundo en lo que ese discurso dice que es el mundo… pero también queda, subyace ante ese dominio en el mundo la alteridad de ese discurso, lo que no dice o lo no dicho. Y recordé la necesidad de poder “decir su palabra” como una necesidad de liberación, y las palabras de otro lúcido que hablaba acerca de la “indignidad de hablar por los otros”…

Y hoy despierto acostado con las teclas marcadas en la cara y con la mano acalambrada del esfuerzo frenético del ejercicio de anoche… y no recuerdo cuándo me dormí… y y miro a la pantalla frente a mí, el párrafo final de lo que escribí anoche comienza con “…Y hoy despierto acostado con las teclas marcadas en la cara…” y me doy cuenta que he escrito sin pensar. Nunca pensé que esto podía llegarme a suceder. Mis palabras han tomado vida propia y mi mano sigue escribiendo estas palabras, aún cuando luego de descubrir esto, me he acostado y duermo plácidamente soñando con las clases que haré mañana, intentando despertar a otros y que ellos noten que sus palabras no las escriben ellos.

Votar por miedo

A menudo me pregunto por qué mi madre, a pesar de todo, sigue votando por la concertación. Es crítica de su gestión, no obstante tiene una fuerte tendencia a ver lo bueno que hace (aunque sea escaso), y muchas veces me parece que lo hace como aferrándose a una esperanza de la que no quiere desprenderse.

Entonces recuerdo y pienso acerca de cómo se gestó la Concertación. Recuerdo la reacción reciente de Pablo cuando al ver la franja del No, se sorprendió asqueado al ver a los mismos personajes que hoy gobiernan, hablando de libertad, de justicia. Y recuerdo y pienso en aquello a lo que esa franja televisiva apuntaba. “Chile, la alegría ya viene”. Un mensaje casi cristiano. En este mundo de horrores, sufrimientos y angustias, Yo soy el camino, la buena nueva, la esperanza en que todo puede ser mejor.

Y como la religión, la Concertación en su momento satisfizo la necesidad de esperanza, la necesidad de perder el miedo, y lo consiguió porque fue colectivo. Mostró a la gente atreviéndose, a pesar del miedo. Capitalizó la esperanza y la energía de actuar a pesar del miedo a la propia muerte. Capitalizó la indignación que se transformaba en valor, y que se mostraba en las calles, gritando la irrenunciable dignidad de la vida y de los sueños… y fue así que se constituyó en una empresa poderosísima, cuyo potencial era tremendo. Pudo haber llegado a ser incluso, el renacer de las cenizas de ilusiones que a pesar de la tortura, los fusilamientos, la desaparición, el exilio y, en general, el miedo, no habían conseguido aniquilar.

Y hoy veo en esa confianza y/o esperanza sorda, ciega y muda, de quienes siguen, a pesar de todo, apoyando a la Concertación, la necesidad de creer que el producto de enorme hito, de la pérdida del miedo, no haya sido un engaño, no sea otra forma de dominación, menos evidente, más insolente, vestida de los valores que lo fundaron. Y es que es travestismo les ha permitido sostener un show mientras se reparten el país, y venden al mejor postor el producto del trabajo de ese pueblo que aún hoy cree en ellos.

¿Por qué vota mi madre todavía por la Concertación? Porque tiene miedo. Miedo a volver a perder la esperanza, aunque la de hoy sea mucho más pobre, triste y egoísta que la de ayer.

12.12.05

yo soy otro

Yo soy otro. Acabo de recordar esa frase, y recién hoy, que miro una fotografía, entiendo lo que esto quiere decir. O lo que para mí quiere decir, que es como decir, lo que yo quiero que diga…



Al mirar esa foto, en que un cielo azul oscuro pero muy luminoso, junto a una arena seca y distante, enmarcan la sonrisa de una mujer a la que amo con pasión, con dulce y poderosa pasión, que me mira y sonríe…



Y al mirar esa foto, me miro a mí. La miro a ella. Recuerdo como nos conocimos. Cómo nos buscamos. Como nos arrojamos suavemente, delicadamente, a la aventura de encontrarnos. Y lo conseguimos. A pesar de las heridas, de la absorbente y enajenada vida de los días en que todo menos lo que queremos nos ocupa y nos perturba. A pesar de eso nos encontramos.



Como primer acto de magia inventamos un espacio inexistente para encontrarnos, porque así lo queríamos. Y nos encerramos pequeños ratos en universos que cada vez más estaban delimitados por aquello que nos importa, que nos pasa, que amamos, tememos, gozamos y odiamos… y nos fuimos acercando.



Nos acercamos cada vez más desde el encuentro. Porque en ese universo cada vez nos sentimos más cómodos, más a gusto. Compartiendo caricias, bellas miradas, nerviosas y torpes al principio… y también historias, de familia, de vida, de sueños, de miedos… y eso nos siguió acercando, porque en esas cosas comenzamos a descubrirnos. Poco a poco, a pesar de la fuerte intuición, fuimos descubriendo quiénes éramos, y a esa altura ya nos mirábamos no sólo con deseo (que no es poca cosa) sino también con admiración, con cariño, con confianza… cuando comenzamos a descubrirnos, fuimos corroborando lo que la esperanza nos decía, lo que la confianza nos mostraba, lo que el fondo ya sabíamos… que nos amábamos.



Y amando, en el delicioso y sagrado ejercicio de perderse un poco, de la petitte mort, de dejarse caer y recibir al otro… me doy cuenta que al verme, al ver la foto en que tú que me miras como jamás me podría haber sentido mirado, yo, soy otro. Otro para mí. Un extraño que viviendo mi vida comienza a ser capaz de vivir lo que yo ya no soñaba, lo que yo ya había abandonado a las fantasías adolescentes…



Domingo 12 de diciembre de 2005

4.9.05

Soñando despierto

El 24 de noviembre de 2004 desperté sobresaltado. Entre sábanas dolidas de sentirme caer, encontré una imagen que cautivó mi esperanza. Una hermosa mujer encantaba al durmiente con una armonía, plenitud y cariño que éste ya no creía posible conocer.

Me levanté conmocionado por las caricias áun presentes en mi piel, hechas por una mujer que hasta entonces sólo había anhelado con un silencio tan secreto que yo mismo no me lo había reconocido.

Caminé flotando, con la cabeza queriendo volver al sueño cuando me encontré con ella en un espacio irreal. En éxtasis aún me atreví a decirle -soñé contigo- y sus hermosos ojos, osados e infinitos, me preguntaron -¿dormido o despierto?- fue entonces que decidí resolver su pregunta, abrir bien los ojos y seguir soñando.

27.8.05

"mójate, mójate, para que florezcas..."




Ayer visité a mi abuela Flora, y al verme esperándola bajo la lluvia para que me abriera la puerta dijo "mójate, mójate, para que florezcas"
Más tarde, sentados frente a un pan tostado con mantequilla y una taza de té recién remojado, la escuchaba recordar sus días de infancia, su primer amor, su vida, sus hijos, hermanos, padres, abuelos.... y de pronto sola se dió cuenta, al mirarme, al pensar en mi madre, mis hermanos, primos, tíos, al ver a su familia, que ella misma había florecido

15.1.05

¿Tiene corazón este camino?




ANTES DE EMBARCARTE EN CUALQUIER CAMINO TIENES QUE HACER LA PREGUNTA: ¿TIENE CORAZÓN ESTE CAMINO?. SI LA RESPUESTA ES "NO", TU MISMO LO SABRÁS, Y DEBERÁS ENTONCES ESCOGER OTRO CAMINO

pero ¿cómo sé de seguro si un camino tiene corazón o no?

CUALQUIERA PUEDE SABERLO. EL PROBLEMA ES QUE NADIE SE HACE LA PREGUNTA, Y CUANDO UNO POR FIN SE DA CUENTA DE QUE HA TOMADO EL CAMINO SIN CORAZÓN, EL CAMINO ESTÁ APUNTO DE MATARLO

PARA ESCOGER UN CAMINO DEBES ESTAR LIBRE DE MIEDO Y DE AMBICIÓN