3.5.11

Ernesto Sabato


La oscuridad lo llenó todo, y Sabato al fin dejo de ver. El padecimiento de un ser humano, que entregado a la palabra, la pintura, la música o el canto puede compartir y hacernos llegar como la profunda experiencia del ser humano, encontró en él un lugar único.

Hoy deja de vivir, pero no deja de existir. Él mismo describió su muerte años atrás, destruyendo al autor y dejando a la obra vivir por siempre. He aquí sus palabras sobre sus últimos días:

"Hasta que de pronto vio con asombro una lápida que decía:

Ernesto Sabato

Quiso ser enterrado en esta tierra
con una sola palabra en su tumba
PAZ
(...)En cualquier caso, fuera como fuera, era paz lo que seguramente ansiaba y necesitaba, lo que necesita todo creador, alguien que ha nacido con la maldición de no resignarse a esta realidad que le ha tocado vivir; alguien para quien el universo es horrible, o trágicamente transitorio e imperfecto. Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos da en fugaces y frágiles momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querereternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando ya él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado,y la escuela donde aprendimos a leer ya no tiene aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.
Oh, hermano mío, pensó con palabras altisonantes, para púdicamente ironizar ante sí mismo su tristeza, que al menos intentaste lo que yo nunca tuve fuerzas para hacer, lo que en mí jamás pasó de abúlico proyecto, que trataste de lograr lo que aquel sufriente negro con su blues, en el sórdido cuartucho de una ciudad sucia y apocalíptica; cuánto te comprendo para querer verte enterrado, descansando en esta pampa que tanto añoraste, y para soñarte sobre tu lápida una pequeña palabra que al fin te preservase de tanto dolor y soledad!"

Page(s): 526-528, Abaddon El Exterminador
by Ernesto Sabato

8.4.11

Madre Flor


Nació como una flor corriente. De aquellas que muchos pisan sin ver, que de tan comunes ya no se ven. Una flor frágil en medio de la brutalidad del mundo, como un testimonio del milagro de la vida.
Creció con fuerza y dignidad, como demandando el espacio que le había de ganar a la nada. Y se agarró fuerte, y a pesar de los golpes, echó raíces, que siguen creciendo. Y tejió un jardín, una extensa madeja de verde, confundida entre las flores que de su simiente pudieron surgir, y construyó un mundo, entre el cielo y la tierra, donde contemplar las aves, oir su canto y bailar con el viento. Y con ellas cantó y voló en sus canciones a la vida que soñó, confundiendo como en un tango, la fiesta de un baile y la dureza de la pobreza. Hoy sus ojos apuntan al cielo, y su boca llaman las gotas de lluvia que calmarán su sed, y le darán al fin la fuerza para elevarse sobre su jardín en las alas de un jilguero.

22.6.10

como un perro se persigue la cola


Para qué escribo? Por qué lo publico? No estoy seguro. Lo que sí sé es que al escribir siento como en la meditación, que abro mi cabeza y dejo que las cosas que me inquietan, que me afectan, que me impresionan y que se agitan en ella, encuentren cauce y puedan dar algo de paz a esta existencia que gusta, a veces, de atormentarse con vasos de agua. A veces el agua es turbia, y ni siquiera me atrevo a terminar de escribir. Otras el agua es tan clara, que me parece extraordinariamente burdo mostrarselo a alguien y hace que me pregunte ¿para qué escribo? Por qué lo publico?

18.6.10

José Saramago




El arte no puede morir. El arte acerca al ser humano a su dimensión divina alcanzando con sus herramientas, plásticas, lúdicas, musicales y lingüísiticas, a la experiencia misma del ser. Lo que no puede alcanzar la religión, lo que no puede alcanzar la razón, lo inaprehensible para la ciencia y la filosofía, es develado, alcanzado, experimentado y sublimado por la experiencia del arte.

El artista es un ser de luz. No un iluminado, porque esto supone una luz que es externa a él/ella y que viene a caerle como en
gracia, como un don, un regalo. El artista es un ser de luz porque desde su pasión experimenta la luz de la que somos parte, a la que pertenecemos todos, y la traduce, la transforma en materia que el resto de nosotros pueda percibir y a través de ella acercarnos a nuestra luz, a nuestro ser.

José Saramago fue un extraordinario hijo del siglo XX. Ejemplo de aquel sueño del florecer de un hombre a pesar de sus circunstancias, pero no para alejarse de ellas, sino para reencontrarse con la
profunda experiencia del ser de la humanidad de su tiempo, de nuestro tiempo. La vida que
vivió lo elevó a los ojos del mundo en una voz del más auténtico, ético y digno sentido común del ser humano que vive, sueña y se proyecta en el mundo en que vivimos. Muchas de sus obras fueron algo así como una proyección de una lectura honesta, crítica y preocupada de nuestra sociedad. Y fue tan limpia su visión, que fue capaz de retratar aspectos increíblemente íntimos del ser de nuestros dias.

Hoy el hombre, el artista, el poeta obrero, el escritor que aprendió a leer a mitad de su vida, y nos mostró como puede mirarse el mundo, ha dejado de vivir. No deja de existir, pues su obra, el arte, no puede morir.


4.6.10

a propósito del miedo

Definitivamente las últimas experiencias me han hecho pensar. Y es que en crisis es casi imposible preguntarse por el sentido de lo que nos pasa. Hoy estoy más tranquilo, más recuperado... pero hay una sensación extraña que aún me incomoda... la persistencia del miedo.

Hace no mucho escribí sobre el miedo. Escribí, como tantas veces y como tantos, desde la comodidad teórica del intelectual -perdón por la simpleza- que no mete las patas al barro.

Hoy releo lo escrito y siento la necesidad de hacer algunas observaciones,
precisiones o aportes a mi reflexión desde la incómoda acera de la experiencia.

Se me ocurre hoy, que lo peor del miedo es la sensación de pequeñez. Ese temor a recibir un daño, es doloroso por la posibilidad del daño, pero es tremendamente corrosivo en cuanto evidencia de fragilidad, de impotencia, de incapacidad, de falta de control, de falta de poder. Y es esa sensación la que persiste luego de episodios de justo temor. La experiencia nos empequeñece, nos hace sentir miserables, y se encarna en esa frase que es cómica cuando no es sentida de verdad : no somos nada.

Pero dándole una vuelta, y sobretodo mirando para atrás, pensando en esa época en que me sentía casi superpoderoso, ilimitado y capaz de lo que quisiera mi alma, llego a una hipótesis con pretención de iluminación: ambas son caras de una misma moneda. La sensación de pequeñez, de carencia de poder, está atravesada por un sentimiento profundo de soledad, de individualidad. Lo que de en verdad hace insoportable el miedo es sentir que aquella amenaza de daño se enfrenta sólo.
Mientras más acompañados nos sentimos, menos tememos. Casi es una reminiscencia infantil, pero la sensación de pertenencia a un algo mayor, una pareja, una familia, un grupo social, una comunidad, etc... va haciendo desaparecer la sensación de fragilidad y la va acercando a la certeza de la capacidad. Tanto es así, que quienes se sienten a la cabeza de grandes agrupaciones humanas, partidos, gobiernos, ejércitos, estados, imperios, enloquecen y se pierden en la sensación de poder.

Y vuelvo a mis recuerdos. La época en que me sentía capaz de todo, era también un tiempo en que me sentía mucho más conectado con la totalidad. Con un proyecto político social, con una espiritualidad trascendental, panteista, con una vocación creadora y cultivadora de mejores seres humanos. Hoy me falta mucho de eso.

Los proyectos no pueden ser los mismos. Los abandoné porque se me evidenciaron ilusos, absurdos, artificiosos, contraproducentes, casi placebos. Pero no consigo encontrar algo que los reemplace en su objeto.

Mi espiritualidad se ha marchito, pues la cotidianeidad le ha quitado el agua para cuidar esa planta que crece en mí y que extiende sus raíces más allá. No encuentro aún herramientas para salvar a esta planta. Ni abonos ni semillas nuevas siquiera.

Mi vocación creadora y cultivadora ha mutado. Mis ilusiones fueron machacadas, pisoteadas y humilladas. Las herramientas para seguir cultivando son cada vez más carentes e insuficientes, pues quienes engordan con la miseria humana no tienen interés alguno en que esto cambie. He tenido que reinventar mi vocación, y volcarla hacia la justicia, mas las herramientas de esta nueva vocación son arduas y permanentemente luchan por imponerse al sentido último que tiene forjarlas: mis amores, mi espíritu, mi comunidad.

a modo de conclusión... si es que es posible algo semejante... hoy mi pathos es encontrar un equilibrio que me permita recuperar la fuerza necesaria para superar la experiencia de la nada y acercándome(nos) a la experiencia del ser.

6.5.10

el sentido de estos dias


No tengo ánimo de andar por ahí diciendo cómo son las cosas... y me doy cuenta que suelo hablar o escribir de ese modo... espero sepan perdonarme, si es que me excuso por anticipado.. porque siento la necesidad de contar lo que estoy pensando... y es que hoy me parece que cuando vivimos tiempos duros, si no le encontramos algún sentido, es en vano. Hoy para mi, el sentido de lo que nos ha pasado es aprender, humildemente reconocer en lo que nos pasa "mensajes". No de una mente superior mensajera, ni de un destino que nos indica un camino... la verdad no sé y no pretendo entender su origen.

Aunque suene irracional, siento que la vida me está indicando que ponga una atención diferente en las cosas que hago. Que no desplace lo importante por lo urgente. Que no me pierda en la multitud. Que sea como de verdad soy, y que mire a mi alrededor con una mirada más auténtica, más similar a la que tuve en la infancia. Que sea más humilde, que confíe más...

Por eso hoy estoy contento. Porque comienzo a recuperar la vista, el sentido, una conexión con el mundo que sentía marchita. Tengo un hijo extraordinario, que con su maravillosa existencia me ha dado tanto como espero haberle dado yo a él. Su madre, mi compañera, mi amiga, mi amante, la primera habitante de mi planeta que encontré en estas tierras, es una mujer fantástica, llena de dulzura, de fuerza, de amistad, de lucidez y magia... aquel fantástico ser me ama y me ha buscado y elegido para que sea yo su compañero, y juntos hemos construido algo sensacional, que supera mis más idealizadas fantasías de mi romanticismo adolescente, y ¡es real!... y sigue creciendo. Desde Diciembre crece en su hermoso vientre una inquieta y chispeante semilla, que llena nuestras almas de ilusiones y que hemos querido llamar Tania. Con ella nuestra familia esta completa y nuestra dicha también.

Quiero Festejar por ello!!


4.11.09

Perder


En ocasiones la conciencia nos advierte que no tiene sentido pedirle peras al olmo. Y entonces surge la necesidad de plantar otro árbol.

¿Quién pierde cuando no crece un árbol? Sin duda los pájaros que los hacen refugios fértiles para las nuevas generaciones, los insectos que lo recorren como carretera verde a la vida, los paisanos que se privan de guarecerse de las inclemencias del tiempo, todos aquellos que pueden beneficiarse de sus frutos... en resumen, perdemos todos, menos él.


Un árbol no puede perder porque no compite, porque no lucha, porque su crecimiento es pura ganancia... que haya obstáculos para su crecimiento no es perder, es una lástima, y en vez de lamentarnos, tal vez sea mejor seguir buscando agua para regarlo, guías para enderezar su tronco... porque somos muchos los que necesitamos de la luz de sus frutos.


13.10.09

100 años

Hoy serían 100 años... y resulta difícil no extrañar sus historias, sus recuerdos, su cariño.

10.9.09

Miedo

Pocas cosas me parecen tan interesantes como el miedo. La capacidad que tiene para afectar nuestra conducta me parece asombrosa, y siempre he intuido que toca una parte demasiado profunda de nuestra naturaleza, y de ello debe proceder su poder.


En mi vida de aprendiz, he escuchado al menos dos sentencias que han encontrado eco en mi alma y me han estremecido por ello, a pesar de sus autores...

...hubo una vez un hombre que me advirtió: "El valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que actua a pesar de él" A modo de consuelo insistía "quien no siente miedo no puede ser considerado humano". Yo era más ingenuo que ahora y me pareceieron reveladoras sus palabras. Al menos me empujaron a no paralizarme, ni a sentir vergüenza... o al menos no tanta.

Hace poco, de la boca menos esperada, oigo decir que "el miedo no se tiene tan solo de la posibilidad del daño, sino de la incapacidad de reducir una realidad a esquemas mentalmente preestablecidos". Y he quedado nuevamente perplejo.

En primer lugar porque me hace sentido. Desde aquí me parecen entendibles las vicerales reacciones que hay frente a lo que no se entiende, el ahínco irracional con el que se defienden las estructuras tradicionales, la vida que se ha llevado hasta ahora... las buenas costumbres. De alguna manera lo extraño amenaza nuestra identidad. Ante la inmensidad caótica del mundo, como niños adoptamos esquemas simples a qué aferrarnos, como brújulas, mapas, puntos cardinales. Más con el tiempo nos acomodamos en esas estructuras, y su caracter convencional desaparece por su utilidad, y comienzan a naturalizarse, y nos identificamos con ellas. Luego, resulta lógico que reaccionemos con miedo ante la posibilidad de enfrentar una realidad que no puede ser reducida a esas categorías, que identificadas con nuestra historia, sentimos como extensión de nuestra propia existencia. Y en ese sentido, sí corresponde a la posibilidad de un daño.

En segundo lugar, lo extraño no me produce temor, sino , muy por el contrario, me resulta muy atractivo. Cuando me enfrento a otra forma de pensar, a otra forma de vivir, a otra forma de hablar, mi reacción natural no es intentar reducirlo a mis categorías, clasificarlo según mi modo de pensar, sino intentar empatizar con dicho pensamiento. Intento abrir mi cabeza y participar del pensamiento del otro, sin por ello renunciar al mío, pero sí reconociendo que no soy un ser acabado.

Ahora que lo pienso, me parece que la diferencia puede radicar en este principio. No creo saber todo lo que hay que saber. No siento que mi razonamiento sea superior a otro, o más correcto, o verdadero. No creo tener un acceso privilegiado a la verdad. Y no porque crea estsar equivocado, sino porque me parece que la verdad no existe.

La verdad se me presenta como el hilo conductor de ese armazón al que nos aferramos para soportar la inclemente, diversa, cambiante, múltiple, contradictoria, irracional y fantástica realidad. Como el agua, en permanente flujo, al embotellarla la desnaturalizamos, se estanca... y a la larga se pudre.

6.9.09

La verdad como petición de obediencia




Le escuché decir a un hombre sabio una vez, que la petición de objetividad, era en verdad una petición de obediencia. Que cuando le exijo a alguien, que sea objetivo, hay un subtexto que pide someterse a mi visión de las cosas, que es objetiva, verdadera. Cuando creo poder ser objetivo, y le exijo al otro que abandone la parcialidad de su perspectiva (una contradicción en los términos), de algún modo parto de la base de ser poseedor de una experiencia limpia, pura, de la verdad. Me presento al otro como un privilegiado al que la verdad se le ha revelado, por lo general por el uso correcto de la razón.

La petición de objetividad siempre de la mano de un ataque apasionado a los subjetivos, me parece pariente cercana de la actitud que toman aquellos que, creyéndose portadores de un conocimiento cierto, no están dispuestos a que alguien pueda decir algo que cuestione dicho conocimiento. Valga esto para determinados valores, visiones de mundo, creencias religiosas, posiciones políticas, etc.



Recientemente, oí a alguien protestar contra estos demandantes de sometimiento intelectual, señalando que si efectivamente ellos tienen la verdad, entonces ¿por qué tiene miedo a defenderla? Y es que es cierto... a esta exigencia de obediencia va siempre aparejada la actitud censuradora de quien ya ha dicho la última palabra...

¿será posible reemplazar el tergiversado valor de la tolerancia (como un aguantarse y dejar hablar a los que no pensando como yo están equivocados) por la humildad de reconocer que NO TENEMOS UN ACCESO PRIVILEGIADO A LA VERDAD y que por lo tanto, la necesidad de dialogar, de escuchar, de razonar en conjunto, no es un mero acto de benevolencia, sino una necesidad intrínseca al esfuerzo colectivo por descubrir o inventar el sentido de las cosas?