
En la senda de rantes
Con la esperanza puesta en que el ruido de las micros y de los comerciales no ha mutilado nuestra capacidad de escucharnos, y con la convicción que la palabra puede llevarnos a la libertad, aquí escribimos nuestra bitácora intentado seguir la Senda de Rantés
3.5.11
Ernesto Sabato

8.4.11
Madre Flor

22.6.10
como un perro se persigue la cola
Para qué escribo? Por qué lo publico? No estoy seguro. Lo que sí sé es que al escribir siento como en la meditación, que abro mi cabeza y dejo que las cosas que me inquietan, que me afectan, que me impresionan y que se agitan en ella, encuentren cauce y puedan dar algo de paz a esta existencia que gusta, a veces, de atormentarse con vasos de agua. A veces el agua es turbia, y ni siquiera me atrevo a terminar de escribir. Otras el agua es tan clara, que me parece extraordinariamente burdo mostrarselo a alguien y hace que me pregunte ¿para qué escribo? Por qué lo publico?
18.6.10
José Saramago
El arte no puede morir. El arte acerca al ser humano a su dimensión divina alcanzando con sus herramientas, plásticas, lúdicas, musicales y lingüísiticas, a la experiencia misma del ser. Lo que no puede alcanzar la religión, lo que no puede alcanzar la razón, lo inaprehensible para la ciencia y la filosofía, es develado, alcanzado, experimentado y sublimado por la experiencia del arte. 

4.6.10
a propósito del miedo




6.5.10
el sentido de estos dias
No tengo ánimo de andar por ahí diciendo cómo son las cosas... y me doy cuenta que suelo hablar o escribir de ese modo... espero sepan perdonarme, si es que me excuso por anticipado.. porque siento la necesidad de contar lo que estoy pensando... y es que hoy me parece que cuando vivimos tiempos duros, si no le encontramos algún sentido, es en vano. Hoy para mi, el sentido de lo que nos ha pasado es aprender, humildemente reconocer en lo que nos pasa "mensajes". No de una mente superior mensajera, ni de un destino que nos indica un camino... la verdad no sé y no pretendo entender su origen.
4.11.09
Perder

13.10.09
100 años
10.9.09
Miedo
En mi vida de aprendiz, he escuchado al menos dos sentencias que han encontrado eco en mi alma y me han estremecido por ello, a pesar de sus autores...
...hubo una vez un hombre que me advirtió: "El valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que actua a pesar de él" A modo de consuelo insistía "quien no siente miedo no puede ser considerado humano". Yo era más ingenuo que ahora y me pareceieron reveladoras sus palabras. Al menos me empujaron a no paralizarme, ni a sentir vergüenza... o al menos no tanta.
Hace poco, de la boca menos esperada, oigo decir que "el miedo no se tiene tan solo de la posibilidad del daño, sino de la incapacidad de reducir una realidad a esquemas mentalmente preestablecidos". Y he quedado nuevamente perplejo.
En primer lugar porque me hace sentido. Desde aquí me parecen entendibles las vicerales reacciones que hay frente a lo que no se entiende, el ahínco irracional con el que se defienden las estructuras tradicionales, la vida que se ha llevado hasta ahora... las buenas costumbres. De alguna manera lo extraño amenaza nuestra identidad. Ante la inmensidad caótica del mundo, como niños adoptamos esquemas simples a qué aferrarnos, como brújulas, mapas, puntos cardinales. Más con el tiempo nos acomodamos en esas estructuras, y su caracter convencional desaparece por su utilidad, y comienzan a naturalizarse, y nos identificamos con ellas. Luego, resulta lógico que reaccionemos con miedo ante la posibilidad de enfrentar una realidad que no puede ser reducida a esas categorías, que identificadas con nuestra historia, sentimos como extensión de nuestra propia existencia. Y en ese sentido, sí corresponde a la posibilidad de un daño.
Ahora que lo pienso, me parece que la diferencia puede radicar en este principio. No creo saber todo lo que hay que saber. No siento que mi razonamiento sea superior a otro, o más correcto, o verdadero. No creo tener un acceso privilegiado a la verdad. Y no porque crea estsar equivocado, sino porque me parece que la verdad no existe.
La verdad se me presenta como el hilo conductor de ese armazón al que nos aferramos para soportar la inclemente, diversa, cambiante, múltiple, contradictoria, irracional y fantástica realidad. Como el agua, en permanente flujo, al embotellarla la desnaturalizamos, se estanca... y a la larga se pudre.
6.9.09
La verdad como petición de obediencia
Le escuché decir a un hombre sabio una vez, que la petición de objetividad, era en verdad una petición de obediencia. Que cuando le exijo a alguien, que sea objetivo, hay un subtexto que pide someterse a mi visión de las cosas, que es objetiva, verdadera. Cuando creo poder ser objetivo, y le exijo al otro que abandone la parcialidad de su perspectiva (una contradicción en los términos), de algún modo parto de la base de ser poseedor de una experiencia limpia, pura, de la verdad. Me presento al otro como un privilegiado al que la verdad se le ha revelado, por lo general por el uso correcto de la razón.
La petición de objetividad siempre de la mano de un ataque apasionado a los subjetivos, me parece pariente cercana de la actitud que toman aquellos que, creyéndose portadores de un conocimiento cierto, no están dispuestos a que alguien pueda decir algo que cuestione dicho conocimiento. Valga esto para determinados valores, visiones de mundo, creencias religiosas, posiciones políticas, etc.

Recientemente, oí a alguien protestar contra estos demandantes de sometimiento intelectual, señalando que si efectivamente ellos tienen la verdad, entonces ¿por qué tiene miedo a defenderla? Y es que es cierto... a esta exigencia de obediencia va siempre aparejada la actitud censuradora de quien ya ha dicho la última palabra...
¿será posible reemplazar el tergiversado valor de la tolerancia (como un aguantarse y dejar hablar a los que no pensando como yo están equivocados) por la humildad de reconocer que NO TENEMOS UN ACCESO PRIVILEGIADO A LA VERDAD y que por lo tanto, la necesidad de dialogar, de escuchar, de razonar en conjunto, no es un mero acto de benevolencia, sino una necesidad intrínseca al esfuerzo colectivo por descubrir o inventar el sentido de las cosas?